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Roma: Mil años en 700 páginas

Tuve la suerte de llevar conmigo "Roma" durante un tedioso vuelo trasatlántico, y ya en casa, ha sido responsable de mi encierro durante todo un fin de semana. Relatando las vidas de un linaje patricio portador de un amuleto, Saylor nos pasea por los primeros mil años de la ciudad, describiendo con realismo edificaciones, ritos, costumbres y situaciones. Tal vez su elemento más notable es mostrarnos como los sucesos se transforman en leyenda y esta en historia. Luego de sus casi 700 páginas casi entendemos la razón de la tradicional brevedad de los gobiernos en Italia.

Sobre el Crimen de Lesa Literalidad

No hay mayor acto de barbarie que quemar un libro. La idea impresa -por más perverso que sea su autor- enriquece y prueba la libertad humana. Todos los fanáticos y los tiranos persiguen con igual obsesión a los libros, recipiente de las ideas, usualmente luego de fusilar a su autor, escupir sobre su memoria o profanar su tumba. Es fácil difamar al ausente.

He visto hombres condenar y quemar libros que nunca han leído. El poder teme al libro, su enemigo más poderoso, que levanta yugos y derrota espejismos. No hablo del libro mercenario, avieso panfleto que encarga el tirano para asegurar su poder, ni del libro que adula. Hablo del libro creado por hombres libres que desean hablar con sus semejantes y gritar a través de los siglos susurrándoles sus ideas.

El crimen de Alejandría, se ha repetido y adquiere distintas formas –remozadas por los nuevos tiempos-, controles estatales a la fabricación y distribución de papel, aumento de los trámites burocráticos para fundar imprentas y editoriales, normas que criminalizan la opinión sin parecer que lo hacen, limitaciones al libre flujo comercial de los libros, eliminación de incentivos a las traducciones y creación de editoriales gubernamentales que sólo vomitan loas al poderoso de turno.

La consigna más subversiva siempre será: Leed, leedlo todo.

Sílabas de Oro


Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.

Lope Félix de Vega y Carpio

Sobre el Siglo de Oro Español, Alonso Quijano el Bueno ha dicho: “Entonces se decoraban los concetos amorosos del alma simple y sencillamente, del mesmo modo y manera que ella los concebía, sin buscar artificioso rodeo de palabras para encarecerlos. No había la fraude, el engaño ni la malicia, mezcládose con la verdad y llaneza”. Nada que añadir.